Recuerdo como en una de las maravillosas y enriquecedoras charlas que manteníamos con D. Emilio Bourgón después de los cursos de Cábala, él nos comentaba la descripción de un anillo mágico: "está compuesto por los siguientes símbolos: seis puntos, tres barras, dos triángulos y dos agujeros. Estoy convencido que en los agujeros se encontraban incrustados diamantes". Mientras hablábamos, surgió en mí como un impuso vital, la necesidad de crear un "Nuevo Anillo" con estas indicaciones. Un anillo que contuviera una gran simbología en sí mismo, basado "simplemente" en esa corta descripción.

No había que tener un alto grado de conocimiento exotérico para reconocer que la descripción de anillo mágico correspondía al que han dado en llamar "Anillo Atlante". Por tanto, la creación de este "Nuevo Anillo" debía, sin lugar a dudas, empezar por investigar y encontrar todas las referencias al "Anillo Atlante".

El resultado de la investigación fue más bien escaso. En todas las referencias que se encontraban, estaban más empeñados en demostrar lo bueno y lo bien que te hace sentir el llevar puesto el anillo, que en dar reseñas históricas o alguna explicación de su simbolismo. Las únicas referencias reseñables del "Anillo Atlante" hablaban de que fue encontrado en 1860 en la tumba del sacerdote Juá, descubierta por Marquis D'Agrain en el Valle de los Reyes. El anillo estaba realizado en gres. De Marquis D'Agrain el anillo pasó a manos de André de Bélizal, radiestesista que realizó todas las pruebas imaginables sobre las propiedades de la "onda de forma" del anillo, obteniendo resultados sorprendentemente positivos. La única reseña a la Atlántida la hizo su descubridor Marquis D'Agrain que estaba convencido de que el anillo procedía del misterioso continente.

Llegados a este punto de la investigación, lo único que se había conseguido era un anillo cuya "onda de forma" tenía unos poderes que hacía que la gente se sintiera mejor física, mental, emocional y espiritualmente. No era poco, pero no había ninguna referencia válida a la Atlántida, nada que aclarase por qué esos símbolos y no otros. Es claro que la forma del "Anillo Atlante" es una especie de rejilla que corta y secciona las energías para recogerlas a través de los triángulos y eliminarlas por los agujeros que tiene en sus vértices. Por tanto, es un anillo de protección. Pero estaba seguro que había más, que esos elementos eran la base de algo más y de momento no había encontrado nada.

Pero el "Nuevo Anillo" aún sin diseño, comenzaba a mostrar su magia e inició las bases de cómo debería ser su diseño, yo no era el creador, simplemente era el instrumento de su propia creación.

Releyendo algunas notas que tenía acerca de símbolos y amuletos, mis ojos se fijaron en el sello de Salomón. ¡¡¡ Era obvio !!!. Allí, delante de mí, aparecían los dos triángulos cruzados, la posición del "Nuevo Anillo".

Comencé a cambiar el enfoque de mis investigaciones, ahora necesitaba lecturas del no menos famoso anillo de Salomón. Parecía muy claro que en los dos anillos estaban los mismos símbolos pero cada uno los utilizaba con un fin distinto. Uno de protección y el otro ... ¿para qué?.

En muchas de las lecturas que realicé comentaban que Salomón tenía el poder de invocar y utilizar los cuatro elementos. Esto sí que era una pista, había que hacer cuatro grupos con los símbolos del anillo: uno para el fuego, otro para el agua, otro para la tierra y otro para el aire.

Rápidamente observé las diferentes piezas que tenía dibujadas en el ordenador, y todo comenzó a tomar sentido:

Entonces el anillo continuó inspirándome para obtener una respuesta rápida: seis puntos determinan los vértices de dos triángulos entrelazados al igual que en el sello de Salomón.

Exceptuando los dos agujeros, había conseguido identificar los diferentes elementos que componían el anillo dando un simbolismo a cada uno de ellos.

En ese instante estábamos entrando en otra etapa del diseño: el orden y la posición de los elementos.

La posición de los elementos solamente tenía una posibilidad: al ser los cuatro elementos deberían formar una cruz a lo largo del anillo enfrentados de dos en dos.

El orden se me antojaba más complejo ya que no había ningún criterio que diera una pista de cual debía de ser. Como inicio realicé todas las permutaciones posibles y las fui dibujando en el ordenador. Cálculo sencillo, permutaciones de cuatro elementos: 4*3*2*1= 24 posibilidades.

Con este material me fui a ver a Ana Morgado. La solución estaba allí, pero yo no tenía criterio o información suficiente. Mostré a mi amiga las diferentes combinaciones que habían surgido y fuimos testando una por una, comprobando si al mirarlas daban o quitaban fuerza o energía. De este trabajo salieron unas formas más candidatas que otras debido a la fuerza o energía que transmitían al observarlas.

Pero el simbolismo era el punto de arranque de este "Nuevo Anillo" y no solamente debía la forma dar fuerza al portador del anillo, sino que también debía tener un significado intrínseco.

Salomón era seguidor de "YHVH". Esto podría dar una pista del orden de los cuatro elementos, "Y" el fuego, "H" el agua, "V" el aire, "H" la tierra. Parecía un buen orden y simbólico, pero no era de los órdenes que testados nos dieran un mayor nivel de energía. Era claro, la solución estaba por llegar y como todo en esta historia sería casual.

Y así fue. Viendo las fotos de Perú que había traído mi amiga Jacin, le pregunté si habían estado en Quenqo cuyo significado en quechua es rayo. Y en esa pregunta mía estaba la respuesta al orden de los elementos en el "Nuevo Anillo". En mi mente apareció un rayo y sobre él los símbolos de los elementos: el anillo es cabalístico, y la forma de expresar los elementos es como en el Árbol de la Vida a través del rayo creador. Un rayo, un zigzag en la visión: fuego arriba del anillo, en uno de los lados el agua, en frente el aire y en la base la tierra. ¡Cómo no!. Rápidamente miré en el cuadernillo de apuntes esa secuencia, que a lo largo del anillo sería fuego, agua, tierra y aire. Efectivamente este orden era de los mejores resultados en el testeo de la "onda de forma".

Por fin los elementos habían obtenido su lugar correcto en el orden del "Nuevo Anillo" relacionados con el nombre de "YHVH" y con una sorpresa mayúscula: al seguir la secuencia fuego ,agua, tierra y aire algo nuevo apareció. Allí en esa nueva forma el anillo comenzaba a hablar de la creación, de la caída del hombre a la Tierra y de su ascensión a los cielos.

El fuego, con sus seis puntos hablaba de los seis días de la creación hasta que el Hombre fue creado. En ese momento el triángulo del agua, símbolo de lo femenino y de las emociones, hace caer al Hombre a.. ¿a dónde? Pues claro, a la tierra, y de allí a través de la experiencia volvía al Paraíso, marcado por el otro triángulo con la punta hacia arriba. Cerraba un ciclo. Cerraba la creación. El anillo tenía un gran significado simbólico, no solamente protegía, sino que tenía un mensaje para aquel que lo llevara puesto: El mensaje era: "la vuelta al Padre", "La reconquista del Paraíso perdido".

Todos estos elementos se agolpaban sobre mi mente y según me llegaban se los iba comentando a Jacin. Era un desbordar de ideas, pero con sentido. En algún momento de la conversación ella preguntó:

- "¿este triángulo no es el agua?",

- "sí" respondí -

¿por qué no es bajorrelieve? preguntó.

Otra nueva puerta se abría y la configuración del anillo tomaba más forma: el triángulo representativo del agua se realizaría en bajorrelieve a modo de cuenco o receptáculo; el triángulo representativo del aire se realizaría en alto relieve como una montaña en cuya parte superior soplara el viento. Pero ahí no acababa el simbolismo de esta nueva dimensión del anillo. El altorrelieve y el bajorrelieve eran recursos ornamentales que los egipcios utilizaban. Normalmente los bajorrelieves para decorar las paredes externas de los templos y los altorrelieves para el interior. En ese sentido, era como si el anillo indicara que para ese retorno al Padre debíamos realizar un trabajo en el exterior y en el interior de nuestro templo: nuestro cuerpo. Y había todavía más en esta nueva visión egipcia: las tres barras eran sin lugar a dudas símbolo de la tierra antes de ser inundada por el Nilo, y tres porque era el número de barras con el que los egipcios significaban el plural de una palabra, más de dos.

Por fin la secuencia del anillo con una forma profundamente simbólica, y que energéticamente tenía un gran potencial.

Aún quedaban los dos famosos agujeros por colocar en el anillo. ¿Qué sentido tenían?. Volví a mirar el "Anillo Atlante" y los dos agujeros estaban situados en los vértices de los dos triángulos. Poco aportaba. No veía la posición de esos dos molestos agujeros en la "maravillosa" forma realizada.

Pero de nuevo el anillo volvió a usarme simplemente de herramienta, para poder expresarse en su totalidad. Buscando la posición de éstos, a estas alturas famosos agujeros, volví a releer la información obtenida del "Anillo Atlante" y del "Anillo de Salomón". En uno de los artículos se comentaba cómo Salomón haciendo "bailar" su anillo era capaz de invocar a los cuatro elementos. Curiosa palabra "bailar", "bailar", "bailar". Se refería a dar vueltas, a girar... Y el mundo se abrió ante mis ojos: los dos agujeros debían estar uno en frente del otro y con un fino alfiler que lo atravesara podría hacerlo girar, "bailar". Era genial. Rápidamente recurrí a los bocetos realizados en cartulina y comencé a realizar pruebas del "baile del anillo". Enseguida comprendí que la aguja debía atravesar de la tierra al fuego, desde el centro de la barra del elemento tierra hasta el centro de los seis puntos en forma de sello de Salomón del elemento fuego. El séptimo día de la creación se hacia patente, todo iba bien, y como por arte de magia al girar el anillo, éste formaba una esfera y los dos triángulos al superponerse, volvían a formar el sello de Salomón. ¡¡¡Qué bello!!!. Todo mantenía su armonía y los dos agujeros, al contrario de lo que pensé en un primer momento, también servían para enriquecer el simbolismo. Pero todo aquello tenía un pequeño problema: la aguja, en posición vertical, atravesaba el anillo y éste al girar, por efecto de la gravedad, caía en los dedos y se paraba. Teníamos un nuevo reto al que enfrentarnos.

Era el momento de volver al inicio de esta historia en el instante en que D. Emilio Bourgón, nos comentaba la descripción de un anillo mágico: "esta compuesto por los siguientes símbolos: seis puntos, tres barras, dos triángulos y dos agujeros, estoy convencido que en los agujeros se encontraban incrustados diamantes".

Ahí estaba: la respuesta, el agujero que estaba en el centro de los seis puntos referentes al elemento fuego debía estar tapado con un diamante. De esa manera el anillo podría girar y girar, bailar y bailar sin ningún tipo de obstáculo sujeto por el diamante. Parecía que el diseño había llegado a su fin, desde la creación del Mundo en el fuego primordial, al sexto día nacía el Hombre, éste a través de las emociones (el agua), bajaba a la Tierra a vivir la experiencia de la carne, y a través de la consciencia (el aire), retornaba de nuevo al Paraíso, al Padre. En muchas tradiciones explican que esa vuelta se produce convertidos en un diamante, en una piedra pulida y tallada en todas sus facetas. Este anillo contenía un saber increíble y se había rebelado: la creación, los elementos, el camino de retorno, nuestro templo, lo masculino, lo femenino, el espíritu, la materia ... Todo esto estaba contenido en sus símbolos. Estos símbolos eran simplemente referentes al trabajo a realizar por el Hombre en este momento. Ese trabajo consiste en tomas de consciencia, que le permitan realizar la vuelta al Paraíso, al Padre. De ahí el nombre que toma "Anillo de Consciencia". Los símbolos de siempre en un nuevo orden, el orden de nuestro tiempo, del aquí y del ahora, sin protegernos de nada. Nuestra protección es nuestra consciencia de lo que tenemos que hacer y hacerlo.

Podría parecer que un año después, cuando Jacin hizo suyo el proyecto y decido hacer físicamente el anillo, todos los problemas estaban resueltos. Pero no era así y nos debimos enfrentar a dos nuevos retos: ¿En que material?, y ¿qué ancho debía tener?

El material no ofrecía excesiva duda: oro o plata. El oro es el símbolo del sol, de la luz y de la consciencia. La plata es símbolo de la Luna, de la materia y del inconsciente.

El ancho del anillo si era un auténtico desafío. ¿Cuál debía ser?. Siguiendo la métrica absoluta, ya conocida por los egipcios donde un metro absoluto equivale a 1,047 metros actuales, decidimos por tanto que el anillo debía tener de ancho 1,047 cm. , es decir un centímetro absoluto.

El resultado de todo esto fue que un año después del inicio de las pesquisas y los descubrimientos el "Anillo de Consciencia" estaba en el dedo anular de mi mano izquierda, con una increíble energía, significado y simbolismo.

En este relato he expresado la mayor parte del conocimiento exotérico (externo) que el anillo nos mostró durante su creación. Queda por descubrir un conocimiento esotérico (interno) que a cada uno de los que actualmente llevamos el anillo se nos está desvelando ... con todo su amor y riqueza .

Anillo de Consciencia (El anillo de nuestro tiempo)